El otro día caminé por toda la costa dejando que el agua heladita me acariciara los deditos, y brillaran con la luz del sol. Conseguí un choclo recién hervido y envuelto entre hojitas, me tiré de espaldas en la arena, con mi comida predilecta en las manos, cerré los ojos y dejé que mi corazón, se hiciera consiente de los colores que viven hoy dentro de mí. En esas circunstancias, comenzé a recordar las primeras veces que llegué a Guarujá.
En Pitangueiras, la playa del centro de la isla, conocí un muleki que está en las grandes ligas de los campeonatos del surf. Tiene muchos trofeos y auspicios de marcas famosas. El fue el primero en hablarme de su primo, el Kawai, y de sus amigos. - Son muy buenos – me dijo asintiendo con la cabeza y medio confundido– pero no les gusta competir. Dicen que lo que haces, es porque te gusta, y no tienes que andar demostrando nada a nadie.
Hoy me doy cuenta de lo cierto de aquellas palabras. Y aunque no les he mencionado nada acerca de lo que el Artur me dijo, es una divertida cosa del destino ahora darme cuenta que esos chicos que en primera instancia me fueron presentados como una patota de locos desquiciados, se han convertido realmente en mis amigos, los Tomboys, como les dicen por aquí.
Hoy día creció mucho el oleaje, y toda la galera se fue para Asturias, una playa que queda al lado de Tombo. Creo que fueron las escenas acuáticas más bellas que he visto en la vida. Unas ondas monumentales que me estremecían la guata cuando alcanzaba a esquivarlas, y mil rostros conocidos reunidos en el point. Había un niño como de seis años que corrió una ola grandotota, hermosísima, y la explosión de sonidos festivaleros que provocó su acrobacia, fue todo un show.
Yo me puse tan contenta, les juro, como si esa emoción de cada muleki en la crew, por el pequeño rider en potencia, me hubiera llegado a la panzita. Cada día me enamoro un poquito más de los surfistas de esta zona. La playa se ha convertido tanto en mi casa, que los “!hey rasta!” al saludarme, son mi desayuno favorito. Tienen una manera tan divertida de hacer sonidos en el mar además, que el montonazo de –“!wohoow!”- con posicionamientos distintos de las vocales, parece un carnaval de pajaritos.
Agréngenle el verlos volar con las tablas como un impulso natural. Me fascina la forma en que para ellos el surf es algo que escapa completamente de lo que puedan lograr. Es como si estuvieran aislados del deporte en competición, aquí es otra cosa. Tú les miras los ojos cuando se sientan en la arena contigo, y es como si se llenaran de algo potente estando allí en la playa.
Creo que abruptamente preciso expresar que lo que más he aprendido en este lugar es a sentir la vida, independiente de lo que ganas. El camino loco de cualquier viajante puede ser completamente anónimo. Tu mismo sabes que hay ciertas cosas que pasaron por tu abdomen que quizás, nunca serán reveladas. Que hay esfuerzos, batallas, intentos y caídas, logros, que en muchas ocasiones se guardan profundamente en el background de tu cara principal. Tú eres el gran conocedor de lo que has vivido, lo que has sentido, lo que has experimentado, de lo que te apasiona, aunque aquello nunca sea contado.
Creo que abruptamente preciso expresar que lo que más he aprendido en este lugar es a sentir la vida, independiente de lo que ganas. El camino loco de cualquier viajante puede ser completamente anónimo. Tu mismo sabes que hay ciertas cosas que pasaron por tu abdomen que quizás, nunca serán reveladas. Que hay esfuerzos, batallas, intentos y caídas, logros, que en muchas ocasiones se guardan profundamente en el background de tu cara principal. Tú eres el gran conocedor de lo que has vivido, lo que has sentido, lo que has experimentado, de lo que te apasiona, aunque aquello nunca sea contado.
Es una revolución que se me produce en la guata sentir que yo llegue a esta playa buscando correr las olas más grandes y maravillosas de mi vida. Y ahora, a estas alturas, bien integradita, yo con ellos aprendo que quizás lo que quería lograr en este sitio, ya lo obtuve. La oportunidad de estar aquí, en una costa cuyas estrellas brillan como locas, y donde por sobre todas las cosas, he descubierto que los trofeos no me interesan y que podría pasarme la vida pegando ondas entre buena vibe, aunque nunca corra exactamente la más fantástica que algún día imaginé en sueños.
Quizás no podría comparar o poner en el mismo nivel mi destino premeditado, mi misión en hipótesis, a todo lo que realmente gané estando aquí. Hay personas, hay lugares, hay experiencias, que llegan a uno cuando estás pensando justamente en otros triunfos. Creo que a estas alturas le podría ceder todas mis ondas al niño pequeño, con tal de escuchar de nuevo esa emoción masiva entre mis broddas, mientras una brisa tumultuosa me llega a la cara, como si estuviese en la proa de un bote perdido en la inmensidad.
Las ganancias muchas veces están allí, le pides una mano a tus amigos para que te ayuden a lograr algo, y a fin de cuentas son simplemente ellos lo mejor que podría haber acontecido en tu camino. Creo que dejaré de escribir y me iré a asomar al kiosquito de la esquina, al punto de encuentro por excelencia, haber si los mulekis ya se empiezan a reunir.
¡La noche está que arde!,
Arrebuey.
¡La noche está que arde!,
Arrebuey.

2 Comentarios:
como te dije una vez, quiero aprender.
Es tan cierto eso de que tu eres el unico que sabe lo que te ha pasado. Antes todo lo q hacia era para impresionar, para que se hablara de mi o bien para causar una impresion en los demas. Pero con el tiempo, y con las cosas qe he logrado, me doy cuenta que el brillo es ser uno mismo, y disfrutar de cada momento de triunfo, asi como de cada derrota. Pero para uno mismo.
Te entiendo cuando dices que buscabas algo y ya lo lograste. Es genial cuando pasa eso. Es simplemente crecer, madurar, y darte cuenta de que hay cosas superfluas, comparadas con la gran magia de la vida.
Y eso de que lo q pasa es simplemente lo mejor que pudo acontecer... si. Somos quienes somos por lo que hacemos y lo q nos pasa. Y cuando estas bien, lo mejor q te puede pasar es lo q te esta pasando, aun cuando no te des cuenta.
Saludos colorinilla, se te exa de menos en el puerto-
Creo que a estas alturas le podría ceder todas mis ondas al niño pequeño, con tal de escuchar de nuevo esa emoción masiva entre mis broddas
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