domingo 23 de enero de 2011



Cuando la realidad supera la ficción, yo me doy cuenta que puedo manifestar la luz, en una proporción de alto impacto. Por la elevación sustancial de la pasión infrenada, arrebato la historia para construir una nueva. Será todo mi ser vertido sobre la expresión de mis investigaciones, que como elixir puro de vida lleguen a los seres humanos.

Buscando razones para unificar a la especie, para trascender el oficio y llevarlo al comienzo, retorna el ser al lenguaje de antaño y también al que aún se desconoce. Devoción ante todo, agradecimiento al sentir, alegría, sintonía del instante en que soy libre, en las emociones que me despiertan tumultos, reconociendo el mundo.
¡Arrewáy! Realidad, permíteme reflejar lo maravillosa que eres, la proporción de tu leyenda, la acertividad de mi ruta. Sentadita al borde del camino y a pies descalza, a todo sol. Me gusta que las gotas de agua corran por mi nariz, el sudor del calor, concentrarme en todo lo que en la vida disfruto.
Desbordar mi estrella interior, visualizar la esfera en bruto, diamante de mil destellos blancos cerquita del caminar de la luna. Y del despertar de mi propio cuerpo celeste, aprendo a capturar los detalles de su misteriosa revelación.
En ocasiones como éstas, cuando siento el corazón como una bomba desorbitada que en círculos va meneándose hacia el sol, sé de una estrella que crepita y se enciende, infinita en mi alma, dejando que cada vez que suelto las palabras sobre el lienzo en blanco, ellas floten, dancen, y circulen por las líneas como la pura expresión suelta de mi alegría.

Cuando miro al cielo y me desquician las nubes, cuando siento mis deditos helados y llenos de fuego por dentro, tocando la faz de la tierra. Palpitan, bendita madre, el esplendor majestuoso de los seres humanos me hace sentir lo afortunada que soy de estar viva, y de llenar de aire mis pulmones, y exhalar.
Todo se moviliza allí en esa cuevita que existe después de mis ojos, donde la luz ingresa a puerta abierta, cálida como chimenea inapagable y todo el tiempo de día. Propensa a crecer con el soplido, sagrado encendido de mi vitalidad, nada es más elemental allí que el mismísimo instante, cada vivencia contrayéndome el miocardio.
Doy gracias siempre y hacia el cielo, al suelo, y al vuelo de mis fluorescentes emociones, un huracán potente ingresa por todo mi ser, blanco como un río que fluye, que me embriaga y no se desvanece. Llena de armonía mi espíritu, es una flor de colores sutiles sin principio ni finales. A pura sensación la existencia, justito ahora amada vida, tu poder de seducción y mi filantropía nunca dejarán de enamorarme desde las patas hasta la coronilla y más al fondo.
Siempre a cabeza baja vida mía, aprendo y me enseñas, ¡Oh, maravillosa presencia! Soy un alma confundida pero muy estable en el centro, sigue demostrándome que el mejor regalo lo recibí al nacer. La intensidad, la forma en que asimilo como entrar en cada sentido, en cada elemento, a conectarme. Qué sensaciones más buenas son el reventar de las olas y la brisa que me llega en la cara, y el amor in formulado trascendiendo todo lo que antes viví.

 
Una mirada brillosa que me nutre hasta la punta de los dedos gordos de los pies, y…

¡Bendita luz, corazón, siento pura vibración!